
En su rehabilitación se ha respetado al máximo la arquitectura del lugar, quedando perfectamente integrada en el trazado mediaval de la villa. Se accede al estableciento a través de una entrada empedrada al estilo de la Plaza de Santa Marta. Conviene decir que se trata de un hotel cuyas estancias son pequeñas pero acogedoras. En la planta baja encontramos la recepción, un salón con estufa de leña y un comedor con mesas de forja y barro y una gran chimenea donde se sirven degusta la excelente bollería local a la hora del desayuno: tostas malhechas, de anís, sin-culo... Los techos exhiben viguería de madera, parte de la cual se pudo recuperar gracias a la labor de Inma y Miguel cuando compraron la casa. Las paredes dejaron protagonismo a la piedra vista, combinándose con tonalidades ocres en sus zonas más lisas. No se ha dejado ningún detalle al azar: habitaciones de distintos colores, con aire acondicionado, TV e hilo musical, colchas de cuadros, visillos en tonos tostados, cabeceros de forja. Todo ello combinado con elementos restaurados procedentes de derribos: puertas, lavabos, rejas de forja, etc. La mayoría de las habitaciones tienen balcón y reciben el nombre, pirograbado, de los distintos monumentos de Uncastillo.
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